Anaka-O-Na. Alba y Ocaso: un montaje inusual y creativo que merecería el más alto reconocimiento

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Anaka-O-Na. Alba y Ocaso es una cantata de excepción que integra elementos actorales, visuales, pictóricos e históricos; sonidos originales del ancestro taíno; y un ejercicio singular de antropología teatral en la escena dominicana.

Es arte como inversión sensorial, cultura taína dialogando con la modernidad inmersiva digital; fiesta de luces simbólicas, danza, cantata y vestuario, una dimensión que se coloca muy lejos de lo ordinario. Aquí no hay aplausos convencionales, ni flores, ni críticas complacientes.

Al concluir la función, todavía bajo el efecto de unos aplausos de una tonalidad distinta a los que suelen sellar cualquier representación teatral,  surge una pregunta inevitable, casi inquietante: ¿qué acaba de pasar? ¿Qué hemos presenciado realmente? ¿Hacia dónde conduce este dispositivo escénico, histórico y sensorial que se nos ha impuesto como experiencia total?

Frente a un trabajo de esta naturaleza no caben elogios personales ni gestos protocolarios al cierre de la función, ni siquiera crónicas periodísticas que pretendan “pagar” la experiencia.

Tras este despliegue artístico, la diferencia la marca la idea, el concepto y la actitud de quienes, desde sus diversos talentos, lo actoral, lo antropológico, la dirección escénica, la destreza técnica, especialmente en luces y sonido, y la construcción audiovisual inmersiva, sostienen una propuesta que no es teatro recreativo.

Anaka-O-Na. Alba y Ocaso tiene como eje el poder interpretativo de Nileny Dippton, artista que hace tiempo decidió asumir lo socialmente trascendente como núcleo de su trabajo creativo, reuniendo talentos afines, consecuentes y admirados.

El impacto artístico del montaje resulta lúdicamente abrumador por la cantidad de recursos y talentos armónicamente dispuestos, hasta conformar una experiencia que reivindica a quien puede considerarse la primera gran mujer sobresaliente de nuestra historia, entretejiendo múltiples episodios y personajes.

Mileny Dippton logra una representación arrolladora: una memoria extraordinaria para manejar el lenguaje arahuaco, los nombres de personajes, regiones, alimentos, ofrendas e incidencias, todo ello asumido con una expresividad impecable, discurrente, penetrante y seductora, encarnando catorce personajes. A ello se suma la actuación de Nefer Galaxia, ambas respaldadas por un trabajo de vestuario y utilería de notable rigor histórico.

Anaka-O-Na no es el teatro de costumbre. Es una de las experiencias escénicas más intensas y visualmente definidas del año 2025 —con reposición en febrero de 2026—, marcada por su estética simbólica e inmersiva, por su estructura de cantata en idioma original (con la debida orientación en castellano) y por un claro aporte educativo que debería ser incorporado por el Estado en sus programas de formación escolar, como vía para reubicar la memoria indígena caribeña.