La habitación de al lado y el debate de decidir cómo y cuándo morir

81

Disfrutar de una película de Pedro Almodóvar siempre es un placer cinematográfico: sus obras provocan reflexión, celebran el arte del cine con talento de primer nivel y presentan guiones fluidos, sencillos y cargados de significado.

En esta ocasión, nos referimos a La habitación de al lado, su más reciente drama, protagonizado por Tilda Swinton y Julianne Moore.

 Aunque la reseña llega con cierto retraso, es mejor tarde que nunca para hablar de una película que plantea un debate tan profundo como el derecho a una muerte digna.

La producción de una hora y media contó con los talentos de Tilda Swinton, como Martha, y Jualinne Moore, como Ingrid, que hacen de la narrativa un viaje hacia decisiones que podrían cambiarlo todo.

Almodóvar construye un relato en el que ambas mujeres, con perspectivas distintas sobre la muerte, emprenden un viaje introspectivo.

A través de flashbacks, la película nos revela los momentos clave de su historia: la juventud de Martha, su temprana maternidad, las heridas abiertas con su hija y su lucha por conciliar su papel como madre y fotorreportera de guerra. 

Este recurso narrativo otorga profundidad emocional a la trama y permite al espectador comprender las decisiones de sus protagonistas, o sea, el presente. Sin embargo, los actores jóvenes no conectan, carecen del poder, presencia y sincronía que lo hace Martha “en su adultez”. Se quedan cortos.

Martha e Ingrid se convierten en un dúo dinámico que ven “la muerte” de diferentes formas.

Al encontrarse reflexionan sobre el pasado y se muestran flashbacks, y ahí entendemos su “antes” del cáncer y lo que pasó como madre adolescente, su decisión de ejercer el periodismo y las consecuencias de no ser la madre ideal para una hija que vive recriminando su presencia y sus acciones.

Me agradaron los departamentos de fotografía, sonido y locaciones. Este trío supo sincronizarse para mostrar a los espectadores que la muerte no tiene que ser gris, negra, luto, duelo, tristeza, agonía. Al contrario, puede ser un momento para rememorar lo que pasó en vida al dejar el plano terrenal.

Definitivamente el director español se auxilia de las ganadoras de los premios de la Academia para dejar un mensaje: podemos, debemos y tenemos que aceptar la muerte y tener la decisión de morir dignamente.

Ellas muestran cómo se deben sanar las heridas, aceptar las cosas que no pueden cambiar del pasado y, sobre todo, hacer las paces con el sentimiento de negación de “hay algo más que podamos hacer para vivir más”.

El filme inevitablemente recuerda a personajes como Will Traynor de Yo antes de ti, de Jojo Moyes, en su planteamiento sobre la autonomía personal ante la enfermedad y el dolor. 

Almodóvar no impone respuestas, sino que abre un debate tanto en pantalla como entre el público: ¿cuál es el límite entre la vida y la calidad de vida? ¿Es la eutanasia un acto de valentía o una rendición?

Si bien la película sobresale en su ejecución artística, no está exenta de fallos. 

Algunas subtramas quedan abiertas, generando incertidumbre en el espectador, y su ritmo pausado puede no ser del agrado de todos. 

Sin embargo, La habitación de al lado es una obra que invita a la reflexión y nos recuerda que, al final, todos enfrentaremos el mismo destino, pero cada quien debería tener el derecho de decidir cómo y cuándo despedirse.

Sobre todo, qué tanto como amigos podemos estar presentes al momento de que alguien decida cómo, cuándo y el por qué de elegir el día, hora y fecha de su muerte, sin juzgar con nuestras ideas de el fallecimiento debe ser según nuestros criterios.