¿Puede sobrevivir el cine dominicano con una sola cadena de cines?

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Santo Domingo. Durante décadas, los dominicanos tuvimos al menos dos grandes opciones para disfrutar de una película en la pantalla grande: Caribbean Cinemas y Palacio del Cine. Esa competencia, aunque imperfecta, beneficiaba al público, a los distribuidores y a la industria cinematográfica nacional. Sin embargo, tras la salida de Palacio del Cine del negocio de la exhibición, la República Dominicana quedó con una sola gran cadena comercial de cines.

Es importante dejar algo claro desde el principio: esta realidad no puede atribuirse únicamente a Caribbean Cinemas. Fueron los propietarios de Palacio del Cine quienes decidieron abandonar el negocio de la exhibición cinematográfica, un sector que, desde la pandemia, enfrenta enormes desafíos debido al crecimiento del streaming, el aumento de los costos operativos y el cambio en los hábitos del público.

Según diversos rumores dentro de la industria, antes de concretarse el cierre de las operaciones de Palacio del Cine, sus propietarios habrían explorado la posibilidad de que empresarios y figuras del cine dominicano asumieran la cadena. Entre los nombres mencionados estaban el productor Ángel Muñiz y su hermano.

Aunque esa información nunca fue confirmada oficialmente, durante una entrevista en el programa radial La Fórmula Radio, pregunté directamente a Ángel Muñiz sobre esos rumores. Su respuesta fue tan breve como reveladora: «¿Y con qué fuerza?», explicando que no contaba con la capacidad económica para mantener una operación de esa magnitud.

Su respuesta deja al descubierto una realidad poco discutida: operar una cadena de cines requiere inversiones millonarias, contratos de distribución internacional, personal especializado, mantenimiento constante y la capacidad de asumir riesgos en una industria que aún busca recuperarse de los efectos de la pandemia.

Pero, independientemente de cómo se llegó a este escenario, la pregunta sigue siendo la misma: ¿es saludable para una industria cinematográfica depender de una sola cadena de exhibición?

La competencia siempre impulsa el crecimiento

En cualquier mercado, la competencia obliga a innovar. Cuando existen dos o más cadenas de cine, cada una busca ofrecer mejores instalaciones, promociones más atractivas y una experiencia superior para atraer al público.

Los beneficios son evidentes:

  •  Mejores precios y promociones para los espectadores.
  •  Renovación constante de salas y tecnologías.
  •  Mayor variedad de horarios y complejos.
  • Más opciones para los distribuidores.
  • Más oportunidades para que el cine dominicano permanezca en cartelera.

La competencia no solo beneficia al consumidor; también fortalece a toda la industria.

 Los riesgos de tener un solo exhibidor

Aunque, legalmente, cualquier empresa podría abrir una nueva cadena de cines en el país, la realidad económica hace que muy pocos inversionistas puedan asumir un proyecto de esa magnitud.

Cuando existe un solo gran exhibidor, surgen varios riesgos. El primero es la falta de alternativas para el público. Si una sala cierra o una ciudad pierde su complejo cinematográfico, no existe otra empresa que pueda ocupar rápidamente ese espacio.

El segundo es la concentración de las negociaciones con los grandes estudios de Hollywood. Todas las conversaciones comerciales pasan por un solo operador.

Y el tercero, quizás el más importante, es que cualquier desacuerdo comercial puede afectar directamente al público dominicano.

El caso Universal: una muestra de la vulnerabilidad del sistema

En los últimos meses, muchos cinéfilos dominicanos han expresado su preocupación por la ausencia o el retraso en el estreno de importantes producciones de Universal Pictures, entre ellas títulos muy esperados como Michael, Jurassic World y Wicked: For Good.

Sin entrar en las razones particulares detrás de cada negociación, este episodio demuestra una realidad evidente: cuando solo existe una gran cadena de exhibición, cualquier diferencia comercial entre un estudio y ese exhibidor puede terminar afectando a todo un país.

Si existieran dos o tres cadenas importantes, un estudio tendría otras alternativas para estrenar sus películas, reduciendo el impacto de cualquier conflicto comercial.

 ¿Sucede esto en otros países?

La respuesta es sí, aunque es poco frecuente. Los grandes mercados cinematográficos suelen contar con varios exhibidores. En Estados Unidos compiten cadenas como AMC, Regal y Cinemark. México tiene a Cinépolis y Cinemex.

España cuenta con Cinesa, Yelmo, Ocine y numerosos operadores regionales. Brasil, Argentina, Colombia, Francia y el Reino Unido también poseen múltiples empresas dedicadas a la exhibición cinematográfica.

Incluso en muchos países con mercados más pequeños existen cadenas regionales que contribuyen a mantener la competencia.

Uno de los pocos casos similares al de la República Dominicana es Puerto Rico, donde Caribbean Cinemas también domina gran parte del mercado. Sin embargo, a nivel internacional, depender prácticamente de un solo exhibidor sigue siendo la excepción, más que la norma.

¿Qué significaría una nueva cadena para el país?

La llegada de un nuevo competidor no debería verse como una amenaza para Caribbean Cinemas, al contrario. La competencia suele hacer crecer el mercado.

Una nueva cadena significaría:

  • Más opciones para el público.
  • Mayor capacidad de negociación frente a los estudios internacionales.
  •  Más oportunidades para el cine dominicano.
  • Más inversiones en tecnología y en la experiencia del usuario.
  • Mayor estabilidad para la industria ante eventuales conflictos comerciales.

En otras palabras, una industria con varios actores suele ser una industria más fuerte.

El verdadero reto

El principal obstáculo no parece ser la falta de interés, sino el enorme costo de ingresar al negocio.

Construir complejos modernos, adquirir proyectores de última generación, negociar con los estudios internacionales, mantener personal especializado y competir con el entretenimiento en casa requiere inversiones que solo grandes grupos empresariales pueden asumir.

Ese fue, precisamente, el trasfondo de la respuesta de Ángel Muñiz cuando dijo: «¿Y con qué fuerza?». No era únicamente una respuesta personal; reflejaba el enorme desafío económico que representa convertirse en exhibidor de cine en la República Dominicana.