Los estudios que sostienen el cine dominicano

De Quitasueño a Lantica Media: los espacios donde nacen las historias del cine dominicano y que han convertido al país en un destino de rodajes

22

Antes de que una película llegue a la pantalla, todo empieza en un lugar concreto. Un estudio. Un set. Un espacio donde se diseñan mundos, se levantan escenografías y se construyen historias.

En República Dominicana, varios estudios han sido clave para sostener el crecimiento del cine local y atraer producciones internacionales.

El cine no solo vive en la pantalla. También vive detrás de las cámaras. En los estudios donde se levantan sets, se diseñan luces y se coordinan equipos.

En República Dominicana, esos espacios han sido determinantes para el desarrollo de la industria.

Algunos nacieron antes de la Ley de Cine.

Otros surgieron después. Todos comparten un mismo objetivo: convertir al país en un territorio de historias.

Un recorrido

Uno de los pioneros fue el cineasta Ángel Muñiz. Fundó el primer estudio cinematográfico del país: Quitasueño, en Haina.

El complejo cuenta con más de 40,000 metros cuadrados dedicados a la producción audiovisual.

Allí se han filmado más de 35 largometrajes.

Entre ellos destacan Mosh (2019), La otra Penélope (2019) y el clásico dominicano Nueba Yol: por fin llegó Balbuena (1995), protagonizado por Luisito Martí.

Otro nombre clave es el productor y director Francis Disla, conocido como El Indio. Fue uno de los impulsores de la Ley de Cine 108-10.

Su apuesta es La Aldea Studio, ubicada en Santo Domingo Este. El espacio tiene más de 1,060 metros cuadrados destinados a rodajes y producción.

Desde allí se han realizado películas como En brazos de un asesino (2019), El fantasma de mi novia (2018), Asalto en Progreso (2022) y Danny 45 (2022).

El crecimiento de la industria también llegó de la mano de grandes inversiones.

El antiguo estudio Indomina Group, propiedad de la familia Vicini, fue reestructurado en 2014 y pasó a llamarse Lantica Media.

Ubicado en Juan Dolio, San Pedro de Macorís, el complejo opera en alianza con la multinacional Pinewood Studios.

Albert Martínez Martín ha sido uno de los responsables de posicionar el lugar como destino para grandes producciones.

El estudio cuenta con tres soundstages y el tanque de agua para filmación más grande del Caribe.

En sus instalaciones se han rodado más de 60 producciones internacionales.

Entre ellas:

  1. La ciudad perdida (2022)
  2. Casamiento a la fuerza (2022)
  3. XXX: el regreso de Xander Cage (2017)
  4. Narco-santos (2022)
  5. Blue Miracle (2021)

También ha servido de escenario para películas dominicanas como Hotel Coppelia y Perejil, del director José María Cabral, así como Mis 500 locos, de Leticia Tonos.

El ecosistema audiovisual dominicano también se nutre de productoras independientes.

Una de ellas es La Casita Producciones, fundada en 2016 por Alan Nadal Piantini. La empresa tiene a Karla Groizard como directora ejecutiva.

Su catálogo incluye proyectos como el documental Bajo las olas (2023), además de los filmes Atravesando el Jordán (2020), En la oscuridad (2020), En tu piel (2018) y Lo que siento por ti.

La compañía también ha explorado formatos televisivos y de entretenimiento, como el reality Buscándole un novio a mamá (2020).

Otra pieza del engranaje audiovisual es la postproducción.

En ese terreno destaca Lone Coconut, fundada por Ricky Gluski y Alejandro Pérez. La empresa se especializa en animación, aplicaciones móviles y efectos visuales.

Ubicada en la Autovía del Este, en Juan Dolio, ha participado en películas como Isla rota (2019), María Montez (2014), Blanco (2014) y Cuentas por cobrar (2016).

La infraestructura cinematográfica del país continúa creciendo.

Más espacios. Más sets. Más historias en construcción.

Porque antes de que el público vea una película, siempre existe un lugar donde todo comenzó.