Disney, Blancanieves ¿y la inclusión forzada?

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Me encontré con un video en redes sociales, donde el creador expresa que no irá a ver la recién estrenada “Blancanieves”, protagonizada por Rachel Zegler y Gal Gadot. La razón de su negativa es porque, a su juicio, es un disparate debido a los posibles cambios que tenga el largometraje musical de Disney, dirigido por Marc Webb.

Es absurdo juzgar algo que aún no se ha visto, sustentado en un prejuicio, aunque él y todos los que piensan igual “estén en su derecho”.

En el audiovisual, el creador  de contenido cuestiona cómo el personaje interpretado por Gal Gadot podría envidiar a alguien como Rachel Zegler, poniendo en tela de juicio el trabajo de los directores de cásting, basado en sus ideas de la belleza y la supremacía blanca. 

Por cierto, el título no tiene que ver con el texto. Estoy de acuerdo con la Ariel negra, con los cambios en el “live action” de Mulán, así como los que tenga el de Blancanieves. 

“¡No destruyan nuestra infancia!”, dicen. Sin embargo, era imposible pensar que una princesa se vea como Rachel en 1937, cuando se estrenó “Blancanieves y los siete enanitos”, primer largometraje animado de Disney. Tampoco se concebía a Cenicienta negra de cabello rizado, una sirenita que se vea como Halle Bailey, u otras princesas similares a Tiana o Moana. 

Era imposible porque en ese tiempo la segregación racial era ley, o sea, los blancos debían estar separados de cualquier otra etnia. Supuestamente eran iguales, pero debían estar separados. Solo los blancos podían entrar a un establecimiento comercial por la puerta principal, mientras que los negros solo podían hacerlo por la puerta trasera. Además, blancos y negros no podían mezclarse ni en las escuelas ni en el transporte público ni en baños ni en restaurantes. De hecho, se priorizaban a unos en detrimento de los otros, como el acceso a educación, servicios de salud, entre otros derechos. 

Lo planteado anteriormente suena como sacado de una película de terror, no obstante, se trata de la historia de Estados Unidos, por lo que las narrativas del cine en ese tiempo no incluían a personajes negros, asiáticos o latinos. Al menos, no en los papeles protagónicos o en los que asocien con algo bueno.

Luego de la promulgación de la Ley de Derechos Civiles, en 1964, la cual prohibía la segregación racial, el cine tuvo que esperar casi 30 años para dar paso a princesas de otras etnias como Jazmín, Pocahontas y Mulán. 

Ahora se ve con normalidad que una princesa tenga el físico de Tiana, de Moana, o de Raya. Los niños, sin importar su etnia, ahora se sienten representados, por lo que es importante que Disney cambie esas narrativas excluyentes o que refuercen prejuicios raciales.

Pienso en el pasado racista de esa nación y afirmo que aunque algo esté normalizado, incluso establecido en la ley, no lo convierte en algo virtuoso que hay que aceptar a ciegas. Lo virtuoso sería que no se excluya a nadie, porque hay lugar para todos.

Periodista digital con experiencia en redacción, redes sociales y corrección de estilo. Locutor egresado de la Escuela Nacional de Locución profesor Otto Rivera. Aficionado del cine, la música y el teatro. Cuenta con un diplomado en Periodismo Económico y Financiero por la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD) y un curso en finanzas públicas por el Ministerio de Hacienda de República Dominicana.