Hablar de La 42 es hacer referencia a teteo, fiestas clandestinas, consumo de sustancias ilícitas y violencia policial. Pero, ¿lo es todo?
La respuesta es no. Y José María Cabral nos muestra ese algo más. La 42 es arte, es creativa, es humana, es resistencia y resiliencia.
Así nos introducen a los personajes, tan versátiles como creativos que luchan por sobrevivir en un barrio peligroso, caliente y carente de oportunidades.
La fotografía es tan vibrante y colorida, como si fuera una paleta de talentos que esperan ser descubiertos por el mundo sin juzgar su procedencia. Muy buen trabajo, Hernan Herrera, quien fue el director de fotografía.
Me gustó que Cabral incluyera las conversaciones de “no grabar” cuando la Policía Nacional realizaba operativos en la calle.
Es sumergir, trasladar y atraer la atención de los dominicanos en una calle emblemática para los extranjeros pero tan vulnerable y a la vez resistente en la vida de su gente de algo que casi siempre olvidamos: el arte, la cultura, la danza, la música.
Lo dominicano, lo arraigado, las oportunidades, lo que está ahí y merece gritarse a los cuatros vientos.
El trío de Franklin Hernández, en Sonido; Pablo Alcántara ‘Mediopicky’ en Música; y David Ferreira, en la dirección artística; hacen de la obra un visual un viaje libre, arriesgado, expresiva, rebelde, desafiante.
RD. D de dembow
La 42 es el nuevo documental de José María Cabral. La producción audiovisual se grabó en la mítica calle La 42, en el barrio Capotillo del Gran Santo Domingo.
Algo que me encantó es que no romantiza la vida en La 42 y sus problemas sociales y económicos, pero sí aporta esperanza, aporta diversidad, aporta ese realismo que solo el cine puede lograr a través de sus vivencias. A través de la gente.
Mis aplausos.
Y no es de extrañar que esta apuesta cinematográfica logre gustar y ser buena contando realidades de lo dominicano, de lo que está ahí y no prestamos suficiente atención, de lo que miramos a otro lado, lo que queremos ignorar.
Ya lo hemos visto en Carpinteros, en Tumba y Quema, en la isla de plásticos.
Es un documental con corte social, y así es desde el día uno hasta ahora, que está en sus primeros días de proyección en las salas de cines.
Cabral contó que los ingresos de taquillas serán destinados a apoyar a una Escuela de Arte en Capotillo, así con más fuerza todos deben verla. Aportar un granito de arena para también crear oportunidades.
Y ojalá, ojalá, ojalá la Cinemateca sobre Ruedas, Rueda Cine, Cinemateca TV, y quizás las alcaldías del Gran Santo Domingo se unan y decidan proyectar en diferentes lugares, escuelas, cineforum, proyecciones comunitarias.
Es una de las vías para dar a conocer este trabajo y que las autoridades dominicanas, más allá que la fuerza bruta de la policía, sea quien mejore la calidad de vida de esos dominicanos que también merecen ser parte de un crecimiento económico del 5 % que ha posicionado a República Dominicana entre los líderes de América Latina y el Caribe por más de una década.
Vayan al cine, señores.
Porque no es de extrañar que el documental dominicano haya participado tanto en South by Southwest (SXSW) como en el New York Latino Film Festival 2025.