All Her Fault: La peor pesadilla es el juicio

5

All Her Fault, (o como fue traducida al español, Su peor pesadilla) es una serie cautivadora desde el primer minuto. Cumple, incluso, con la regla no escrita de las redes sociales: atrapar a la audiencia en los primeros segundos.

Más allá del suspenso, la serie expone verdades que, lamentablemente, persisten en la sociedad actual.

Por más que mamá y papá trabajen, estén ocupados o compartan responsabilidades, la mayor carga casi siempre recae sobre la madre. Así lo ve la sociedad, así lo creen muchos hombres y, muchas veces, así lo asumimos nosotras.

No importa la clase social: el cuidado sigue teniendo género femenino.

En el caso de la otra familia que muestra la serie… Jacob tenía una madre y un padre, ambos responsables del cuidado del niño. Pero cuando se supo lo de su niñera, ¿contra quienes fueron los ataques? Exacto, no existe el plural, porque la única señalada fue la mamá de Jacob.

Y del padre, ni hablar. No solo no se involucró en el proceso de contratar a la niñera que cuidaría al hijo que él engendró y está criando; también cuestionó que la madre no lo hizo bien o que no fue lo suficientemente cuidadosa.

Hago énfasis en esto, porque siento que son “detalles” que pueden pasar desapercibidos, frente a todas las atrocidades que pasaron en la otra familia.

En All Her Fault aparece la sobrecarga: el trabajo, las múltiples ocupaciones, la carga mental que hace que uno se “despiste”. Y entonces surge la pregunta incómoda: “¿por qué estás así?”. Pero, las mujeres, muchas veces, están para todos (mamá, esposa, trabajadora, y un sinnúmero de etc), pero ¿quién está para ellas?

La culpa es, quizás, la verdadera protagonista de la serie.

Y como si la carga no fuera suficiente, aparece otro juicio inevitable: el mediático. La madre de Milo fue abordada sin piedad por la prensa, sometida a preguntas, cámaras y titulares que, en lugar de buscar contexto, reforzaron la narrativa de la culpa. Y lo digo con la incomodidad de quien conoce de cerca las dinámicas del oficio periodístico.

No entraré en detalles para evitar spoilers, pero incluso como espectadores nos asaltan los “¿y si…?”… “¿Por qué no se detuvo?”, “¿Por qué no verificó el número?” “¿Por qué no vio las señales que no cuadraban?”.

Y, aun así, tú y yo hemos sido Marissa. Me atrevo a afirmarlo. Todos podemos despistarnos, andar con prisa, pasar por alto pequeños detalles. Y cuando algo sale mal, no lo perdona la sociedad, no siempre lo perdona la familia y, muchas veces, no nos lo perdonamos nosotras mismas.

La serie también toca temas profundamente latentes en la vida real: la mentira, la manipulación, la necesidad de control y cómo, poco a poco, todo eso va creando una burbuja difícil de romper y que termina destruyendo todo.

Pero no todo es oscuridad. No puedo dejar de destacar la bondad de la gente: ese gesto de dar una dirección, de ofrecer amabilidad en un momento de absoluta vulnerabilidad.

Recomiendo la serie al cien por ciento. Pero, como bien me dijo una amiga, es una producción para verla en pareja, conversarla y extraer las lecciones que deja.